Mujeres de algodon, de metal, de madera...
Sonrien,
por no
volverse piedra.
Cada latido,
palpita en otro pecho,
y acelera.
Son muros que deshechos,
se sueltan al mar
del abandono.
Mujeres rotas, heridas, solitarias...
Sonrien,
por no
volverse piedra.
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